La parroquia de Santiago de Loroño está compuesta por los núcleos o aldeas de Arcar, Baizana, Bouzarroma, Forcadenla, Loroño, Romelle y A Vicenta, y su superficie ronda los 6 km².
Su forma recuerda a un triángulo y limita con las parroquias de Vilar (N), Santa Sía de Roma y San Martiño de Meanos (S), Santo Adrián do Castro (E y SE) y Treos (Vimianzo, O). Casi todos sus linderos, salvo por el N, coinciden con cursos de agua.
Es una parroquia eminentemente llana en la que destacan únicamente dos pequeñas elevaciones situadas en sus extremos: al S, el Monte do Peón (356 m) y, al N, A Pena (272 m). Por su relieve estaría íntegramente dentro del conocido Val de Soneira. Su altitud media rondaría los 250 m.
No tiene ríos ni arroyos en su interior, aunque la mayor parte de su territorio viene delimitado por ellos: el Torrente entre Loroño y San Martiño, Santa Sía y Treos, y el pequeño regato de Berbia, con Santo Adrián.
Su geología indica que formaría parte de la Fosa Blastomilonítica o Complejo de Noia, con bandas orientadas de N a S, restos del plegamiento hercínico.
En cuanto a su evolución demográfica, va pareja a la de las parroquias del resto del concello y así contaba con 17 vecinos en 1607; 41 vecinos en 1753; 277 hab. en 1887; 347 hab. (1930), 446 hab. (1970); 262 hab. (2000) y 182 (2016). Ha perdido el 28,9 % de su población en lo que va de siglo.
En cuanto a su toponimia, cuenta con dos auténticas rarezas, como el propio nombre de la parroquia, que es único no solo en Galicia sino también en toda España. El otro, también muy poco frecuente, es Baizana; en ambos casos es muy difícil conocer su origen. Resulta más sencillo suponer cuál sería el de los demás topónimos, siguiendo las normas de la evolución de la gramática histórica.
La iglesia parroquial, que exteriormente no muestra un interés excesivo salvo por un Santiago caballero que blande una espada amenazando a un moro caído en el suelo, guarda en su interior tres retablos muy interesantes.
El mayor es de estilo neoclásico, de finales del siglo XVIII. En la capilla norte se encuentra el magnífico retablo de la Virgen del Socorro, de estilo barroco, de los denominados de marquetería o de estípites; se trata de un retablo de gran calidad, de los mejores de la comarca. En el ático hay un bonito relieve de la Anunciación, y ocupa el panel central una imagen de la Virgen del Socorro –a la que se le cambió la forma de sujetar el palo con la mano derecha en la última restauración– y los relieves de san Juan Bautista y de san José.
En la capilla sur contemplamos el retablo de las Ánimas, de estilo barroco-rococó, que tiene en su parte central el relieve de san Francisco sacando las ánimas del Purgatorio. A cada lado se sitúan un san Roque y un san Antonio de Padua.
Dentro del territorio parroquial cabe destacar el pazo de Romelle, uno de los mejores conjuntos pazociegos de toda la Costa da Morte. Propiedad, en origen, de los Caamaño (linaje procedente de la zona de Noia), llegaron a emparentar, entre otros, con los condes de Altamira y con los condes de Maceda, por lo que en algún momento alcanzaron la dignidad de Grandes de España y fueron incluso benefactores del santuario da Barca, en Muxía.
No debemos olvidarnos del cruceiro que hay cerca de la entrada del pazo, que destaca especialmente por su largo fuste y por su plataforma triangular.
Tras un repaso de la parroquia en los textos históricos desde el año 1607, se concluye narrando brevemente la historia del Calor Hermandad Deportiva, club de fútbol no federado fundado en 1968 por el entonces párroco de Santo Adrián do Castro y de Loroño, Xosé M. Cundíns; hacia 1969 y 1970 este club organizó partidos de fútbol y actividades culturales nada habituales en la comarca. También se menciona la celebración de los 40 años de estas actividades en los años 2009 y 2010.













