Este dolmen es una de las joyas del megalitismo gallego, fechado alrededor del tercer milenio antes de Cristo. Conserva cuatro de los cinco ortostatos que conformaban la Cámara Poligonal y parte de la cubierta original, con una monumentalidad que habla de la importancia del lugar para las comunidades neolíticas. Ya en el siglo XIX llamó la atención de los primeros arqueólogos y fue estudiado con detalle por el investigador G. Leisner en 1933.
Además de su valor arquitectónico, está envuelto en leyendas transmitidas oralmente a lo largo de los siglos. El poeta Eduardo Pondal hizo célebre la creencia de que bajo sus piedras reposa el guerrero celta Brandomil. La magnitud de sus lajas, algunas de más de 35 toneladas, hace pensar en las técnicas y en el esfuerzo colectivo empleado por los antiguos habitantes de la zona para erigir este enigmático monumento.







