Este pazo se encuentra rodeado de jardines y elementos anexos como un palomar y dos hórreos tradicionales, que reflejan la vida señorial y agrícola al mismo tiempo. La construcción, de planta rectangular, destaca por su fachada llena de ritmo gracias a disposición de sus numerosos vanos.
Un escudo de armas conserva la memoria de familias como los Figueroa o los Moscoso. El palacio llegó a albergar la capilla de San Joán Bautista, aunque desapareció durante reformas posteriores.



