En el corazón del lugar se conserva una laguna artificial, vestigio de una antigua explotación minera. La tradición cuenta que ya los romanos han trabajado en estas tierras aprovechando la riqueza del subsuelo, algo que encaja con su presencia documentada en otras zonas cercanas como Brandomil. Siglos más tarde, en el siglo XIX, una empresa inglesa intentó recuperar este legado, confiando en encontrar el oro que pudiera quedar izquierdo por los antiguos colonizadores.
El paisaje actual, marcado por el agua y por el silencio, ahora una historia intensa de trabajo y ambición. El Pozo de Limideiro es hoy un espacio lleno de misterio, donde naturaleza y memoria histórica se dan a mano, ofreciendo al visitante la oportunidad de descubrir un capítulo menos conocido pero fascinante de la Costa da Muerte.